domingo, 15 de marzo de 2015

La yerba mate ;Radio Saudade:

Radio Saudade: La yerba mate:

La yerba mate


La luna se moría de ganas de pisar la tierra. Quería probar
las frutas y bañarse en algún río.

Gracias a las nubes, pudo bajar. Desde la puesta del sol
hasta el alba, las nubes cubrieron el cielo para que nadie advirtiera que la
luna faltaba.

Fue una maravilla la noche en la tierra. La luna paseó por
la selva del alto Paraná, conoció misteriosos aromas y sabores y nadó
largamente en el río. Un viejo labrador la salvó dos veces. Cuando el jaguar
iba a clavar sus dientes en el cuello de la luna, el viejo degolló a la fiera
con su cuchillo; y cuando la luna tuvo hambre, la llevó a su casa. «Te ofrecemos
nuestra pobreza», dijo la mujer del labrador, y le dio unas tortillas de maíz.

A la noche siguiente, desde el cielo, la luna se asomó a la
casa de sus amigos. El viejo labrador había construido su choza en un claro de
la selva, muy lejos de las aldeas. Allí vivía, como en un exilio, con su mujer
y su hija.

La luna descubrió que en aquella casa no quedaba nada que
comer. Para ella habían sido las últimas tortillas de maíz. Entonces iluminó el
lugar con la mejor de sus luces y pidió a las nubes que dejasen caer, alrededor
de la choza, una llovizna muy especial.

Al amanecer, en esa tierra habían brotado unos árboles
desconocidos. Entre el verde oscuro de las hojas, asomaban las flores blancas.

Jamás murió la hija del viejo labrador. Ella es la dueña de
la yerba mate y anda por el mundo ofreciéndola a los demás. La yerba mate
despierta a los dormidos, corrige a los haraganes y hace hermanas a las
gentes que no se conocen.

Eduardo Galeano 

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