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martes, 24 de agosto de 2021

Si No Quiere Ver, No Le Enciendas La Luz

 

 

 

 

 

 

 

Cuántas veces hemos querido que los que amamos «vean» lo mismo que nosotros estamos viendo…

Debemos aprender y entender que para Amar hay que dejar de ‘querer’.

Si no quiere ver, no le enciendas la luz, dañarás sus ojos.

Si no quiere escuchar, no levantes la voz, lastimarás su conciencia.

Si no quiere caminar, no proporciones apoyo, sangrarán sus pasos.

Su despertar no es tuyo, es exclusivamente suyo.

Si en algún momento hiciste de su dolor tu dolor, suelta, no te pertenece.

Sé amorosamente egoísta, silenciosamente paciente, amigablemente distante.

No te pierdas en ello.

Re-encuéntrate y alégrate, porque tú sigues siendo tú.

Respetemos el camino de cada ser humano.

 

 


 

viernes, 29 de mayo de 2020

Libre


El anciano general, triunfador de mil batallas, estaba en su casa apreciando su colección de antigüedades.
Tomó un precioso jarrón de porcelana para mirarlo detenidamente y, al volver a ponerlo en su lugar, casi se le cae.
Con un movimiento desesperado atrapó el jarrón en el aire y dijo:
-¡Huy! ¡Qué susto!
Al rato pensó:
-He dirigido a miles de soldados, enfrentando muchas situaciones de vida o muerte y jamás sentí miedo. ¿Por qué hoy me asusté tanto a causa de una vasija?
Finalmente, el anciano comprendió que la causa de su miedo era el apego al objeto deseado y el temor a perderlo.
Entonces, tomó el jarrón y lo arrojó contra el piso, rompiéndolo en mil pedazos.
El general nunca se sintió tal libre.

Tomado de Facebook
muro de Daniel Paz

viernes, 17 de mayo de 2019

Ya No Importa


Ya no importa quiénes fuimos, en qué momento nos conocimos, por qué y para qué.
En cierta forma, estamos olvidando para bien.
Y acá estamos refrescando en este presente, hoy. 
Así que conóceme porque soy tú.
Y déjame conocerte porque eres yo.
Y atrévete a ser hoy, a aceptar el presente.
Y mantenerte aquí, tal y como eres, tal y como es, tal y como debe ser.

Shakti Ma


jueves, 30 de marzo de 2017

Cuando Me Encontré Desnudo Como Un Alfiler

https://www.youtube.com/watch?v=qMTmcJfXvy0&app=desktop


Cuando me encontré desnudo como un alfiler comprendí
Comprendí algo indecible, comprendí con todo mi ser aunque mi pobre cabeza siga aún buscando como una rueda que por inercia gira.
De joven creía en mundos y maestros.
Durante tiempo estuve atrapado en los ropajes.
Hay ropajes de pureza, de despertar, de iluminación, de maestro o de alumno, e incluso de perdón.
Pero todo esto no son más que manifestaciones cambiantes, diferentes ropajes del único Ser.
Los trajes carecen de movimiento, debe haber una persona que los lleve.
Antaño pensaba lograr alguna meta, pero la verdad es que no hay nada que hacer, ningún lugar adonde ir, si no es descubrir la persona autentica que ya somos.
En todas partes, la gente habla del camino espiritual; dicen que si uno se esfuerza en la práctica obtiene el fruto de la misma.
No os equivoquéis; aunque alcancéis logros en la práctica, eso no es más que la causa y el efecto de la acción en el ciclo de nacimiento y muerte.
El esfuerzo arduo, el trabajo duro, todo eso es muy gratificante para el ego, siente que ‘él’ lo puede lograr, siente que ‘existe’ y ahí se auto perpetúa.
Obviamente este no es un mensaje muy atractivo para la mayoría de los buscadores.
La idea de que tú no vas a conseguir lo que deseas no vende.
Lo que vende es decir que si lo haces bien, si lo perfeccionas, y te esfuerzas en ello, si eres suficientemente diligente, ‘Lo Conseguirás’.
Comprendí que la vida es difícil y dolorosa por su propia naturaleza, no porque hagamos algo mal.
Todo el mundo ha experimentado ciclos buenos y malos, de felicidad e infelicidad, de arriba y abajo, según lo dictamina la mente.
Sin embargo, la mente se niega a aceptar que estos ciclos son inevitables y esta negativa implica frustración e infelicidad.
Es a este tipo de frustración y de infelicidad,  y no al dolor o placer del momento a lo que las Enseñanzas se refieren como el sufrimiento en la vida.
La aceptación de la existencia de estos ciclos significa reconocer el hecho de la vida y por tanto no implica una actitud ‘fatalista’.
La aceptación de estos ciclos, tan solo significa la observación desapasionada de estos ciclos como parte invitable de la vida sin que la mente se vea involucrada en ellos.
‘Esto también pasará’ es una actitud excelente ante la vida que evita frustración innecesaria.
Ir con el flujo no significa ser indiferente a aquello que cada momento nos trae.
No significa ‘desapego’.
Ir con el flujo significa disfrutar de los placeres que nos trae cada momento, precisamente porque no durarán; de manera análoga, significa afrontar el dolor que nos trae la vida de la mejor manera posible, sabiendo que también pasará.
La notable consecuencia de aceptar la vida e ir con el flujo es que los placeres parecen traer más placeres y los dolores menos dolores.
En otras palabras, ir con el flujo trae consigo un estado de paz y armonía, de gracia y bienestar y nos conduce a la completa alegría de ser.
Sólo una mente libre de la preocupación que se genera cuando piensas que es el hacedor puede ser receptiva a la paz y la tranquilidad en el día a día fenoménico.
Además, sólo una mente de este tipo, no fragmentada y limitada por la sensación de que uno o los demás son hacedores de sus acciones, puede ser receptiva a la experiencia de la consciencia ampliada a la que generalmente se denomina experiencia mística.
Sólo una mente en este estado, absolutamente desprovista de la sensación de ser el hacedor, puede permanecer libre de cualquier sensación de separación.
Y la ausencia de separación significa la presencia del amor.



domingo, 12 de abril de 2015

Nadie Verdaderamente Importante


En la hora de su muerte, un gran maestro de derviches, viéndose rodeado por todos sus discípulos, dijo:
- Quiero compartir con vosotros algo que he aprendido en esta vida.
 Expectantes, los discípulos se acercaron un poco más al lecho de su maestro, quien siguió diciendo:
 – Yo nunca he sido nadie verdaderamente importante.
Y dicho esto, el anciano cerró sus ojos y entregó el alma.

Esto no fue entendido por la mayoría, pero para otros fue la lección de humildad más increíble.

viernes, 13 de marzo de 2015

Para Recordar Siempre…


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.
Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo.
Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó?
Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver la cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste ya a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos porqué.
Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente...
El pasado ya pasó.
No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú...
Suelta el resentimiento.
El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás.
Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.
¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron?
Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos.
Dite a ti mismo que no, que no vuelven.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año.
Por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.
Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable.
Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo.
Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo.
Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Desconozco el autor



miércoles, 12 de marzo de 2014

La Propia Sombra

 

Había un hombre que se turbó tanto al ver su propia sombra y le desagradaron tanto sus propios pasos, que decidió deshacerse de ambas cosas.

El método que utilizó fue huir de ellas.
Así que se puso en pie y corrió.
Pero cada vez que ponía un pie en el suelo aparecía otro paso, mientras que su sombra le seguía de cerca sin ninguna dificultad.
Atribuyó su fracaso al hecho de que no corría con suficiente rapidez.
Así que empezó a correr cada vez más rápido, sin detenerse, hasta que finalmente cayó muerto.
No se dio cuenta de que si se limitaba a ir por un lugar sombreado, la sombra desaparecería, y que si se sentaba y permanecía inmóvil, no habría más pasos.