martes, 31 de marzo de 2020

Es El Principio

Siempre que nos quebramos, creemos que será el final;
Cuando en realidad es el principio de una nueva etapa.

lunes, 30 de marzo de 2020

La Enfernedad, El Remedio y La Cura


Ibn Sina (980-1037), médico y filósofo persa, 
y padre de la medicina moderna, escribió:
'La imaginación es la mitad de la enfermedad; 
la tranquilidad es la mitad del remedio; 
y la paciencia es el comienzo de la cura'

domingo, 29 de marzo de 2020

Cuarentena


“Capitán”, el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto.
“¿Que te inquieta chico?
¿No tienes bastante comida?
¿No duermes bastante?”
“No es eso, capitán, no soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar a mi familia”.
“¿Y si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, soportarías la culpa de infectar a alguien que no puede aguantar la enfermedad?”
“No me lo perdonaría nunca, aún si para mí han inventado esta peste”
“Puede ser. ¿Pero si no fuese así?”
“Entiendo lo que queréis decir, pero me siento privado de la libertad capitán, me han privado de algo.”
“Y tu prívate aún de algo más”
“¿Me estáis tomando el pelo?”
“En absoluto. Si te privas de algo sin responder de manera adecuada, has perdido.”
“Entonces, según usted si me quitan algo, ¿para vencer debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?”
“Así es. Lo hice en la cuarentena hace 7 años.”
“Y que es lo que os quitaste?”
“Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Eran meses en los que esperaba llegar al puerto y gozar de la primavera a tierra. Hubo una epidemia. Nos vetaron bajar a Port April. Los primeros días fueron duros. Me sentía como vosotros. Luego empecé a contestar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabía que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre, y en vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás. Antes empecé a reflexionar sobre aquellos que tienen muchas privaciones cada día de su miserable vida y luego, decidí vencer.
Empecé con el alimento. Me impuse comer la mitad de cuanto comía habitualmente, luego empecé a seleccionar los alimentos más digeribles, para que no se sobrecargase mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido el hombre en salud.
El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles. Me impuse leer al menos una página cada día de un argumento que no conociera. Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco. Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza. Por la tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias a cualquier entidad por no haberme dado el destino, privaciones serias durante toda mi vida.
El hindú me había aconsejado también tener la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también hacerlo para la gente querida que estaba lejos y así esta práctica también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.
En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que habría hecho una vez bajara a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera. Todo lo que podemos obtener en seguida, nunca es interesante. La espera sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y tacos. Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado.
“¿Como acabó capitán?”
“Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.”
“¿Os privaron de la primavera entonces?”
“Si, aquel año me privaron de la primavera, y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente, me había llevado la primavera dentro, y nadie nunca más habría podido quitármela”

Del libro rojo de C.G.Jung
Gracias Silvia Lopez
Fuente Kari Mariel

sábado, 28 de marzo de 2020

Éramos Ricos Y No Lo Sabíamos


Los pulmones de la tierra necesitaban respirar.
Los árboles dejaron de ser talados.
Las personas odiaban más que amaban.
Los padres necesitaban pasar más tiempo con los hijos.
El rico pensaba que el dinero compraba la felicidad.
El futbolista tenía más éxito que el sanitario.
El estrés hacía temblar los corazones.
Y las razas levantaron grandes fronteras.
Un día, de repente, el mundo se paró y entonces la tierra comenzó a respirar aire puro.
Y las aguas volvieron a cristalizarse.
Y los animales comenzaron a habitar en paz
La naturaleza es tan mágica que ella misma está limpiándose del mal que hicimos.
Las personas en su lejanía se dieron cuenta de que se amaban.
Y se quedaron en casa.
Y leyeron libros.
Y escucharon y descansaron.
La familia de nuevo estaba unida.
El rico al no poder salir de casa tuvo que conformarse con unos bollos de pan.
La gente aplaudía desde sus balcones a los verdaderos héroes.
Nuestras mentes se serenaban porque ya no había prisas.
Y cuando ya todo estaba a punto de estallar, el mundo entero se unió convirtiendo los 5 continentes en solo 1.
Tuvimos miedo, miedo a lo desconocido, miedo a la incertidumbre de la duración de la pandemia, a contagiarme, a contagiar, por nuestros familiares, y más aún por los pequeños y ancianos, por nuestros amigos y en general MIEDO.
Y De repente todo se para, y es cuando entendemos el valor que tienen las pequeñas cosas, justo en el momento que nos las quitan.
las cosas importantes a las que antes no le dábamos importancia y se daban por sentado, comenzaron a adquirir otro matiz, y le dimos su importancia real.
El poder curativo de los abrazos, el olor d e tu familia, el reír con los amigos por cualquier insignificancia, el pasear por la playa y el sentir la brisa del mar....
Y miles y miles de millones de Pequeños momentos que ahora adquieren relevancia
Estamos viviendo algo insólito, el año que la tierra solita obligó al mundo a detenerse.
Éramos ricos y no lo sabíamos

Fuente Ignacio De Tigre

viernes, 27 de marzo de 2020

La Actitud Durante la Tormenta



Cuando uno es sorprendido por una repentina tormenta, puede bien correr lo más rápido posible para llegar o buscar algún techo para protegerse.
De todos modos se mojará.
Si ya estuviera preparado mentalmente con la idea de mojarse, estaría muy poco contrariado con la llegada de la lluvia.
Este es un principio que se puede aplicar a todas las situaciones que nos presenta la vida.