jueves, 18 de septiembre de 2014

Una Misma Pregunta Y Tres Distintas Respuestas.



Una misma pregunta y tres distintas respuestas.   

Cuento Zen.

Un joven discípulo solicitó al Maestro Iluminado el asistir en silencio a las entrevistas que éste concedía a aquellas personas que iban en busca de su consejo y sabiduría. 
La primera visita fue la de un hombre que preguntó: 
-Maestro, ¿Dios existe? 
-Sí -fue la lacónica respuesta. 
En la segunda visita una mujer también preguntó: 
-Señor, ¿Dios existe? 
-No -fue en esta oportunidad la contestación. 
En una tercera visita un joven interrogó: 
-Iluminado, ¿Dios existe? 
En esta ocasión, el Maestro guardó silencio, y el joven se marchó sin una respuesta a la pregunta formulada. 
El discípulo, desconcertado por la extraña conducta del Maestro, no pudo por menos que preguntarle: 
-Señor, ¿cómo puede ser que a tres preguntas iguales hayas respondido de modo diferente cada vez? 
-Lo primero que has de saber -contestó el Maestro- es que cada contestación va dirigida a la persona que pregunta y por tanto no es para ti ni tampoco para nadie más. 
Y lo segundo es que he respondido de acuerdo con la realidad y no con las apariencias. 
En el primer caso se trataba de un hombre en el que mora la divinidad pero que ahora vive un momento de oscuridad y duda, por eso he querido apoyarlo. 
El segundo caso se trataba de una mujer beata apegada a las formas externas de la religión que ha descuidado a su familia por atender el templo, y por ese motivo es bueno que aprenda a encontrar a Dios entre los suyos. 
El tercer caso se trataba sólo de alguien que ha venido a verme por curiosidad y sencillamente ha improvisado esa pregunta cómo podía haber hecho cualquier otra.

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