viernes, 23 de agosto de 2013

El koan de los champiñones



Este es el Koan original del Maestro Dogen, y que nos lo cuenta T. Deshimaru.

Comienza así: El Maestro había ido a China para encontrar la verdadera sabiduría, para comprender el Zen. Pero no había conseguido comprenderlo, a pesar de haber estudiado muchas cosas. La civilización buddhista zen estaba por esa época muy extendida en China y él había recorrido templo tras... templo. Sin embargo, no estaba satisfecho de la enseñanza que le habían dado y quería volver a Japón. Un día llegó a un templo pequeño. Era verano, hacía mucho calor. Encontró a un monje muy anciano que estaba trabajando bajo el sol. Su trabajo consistía en secar champiñones. El anciano, a pesar de su edad, bajo un sol abrasador, extendía los champiñones por el suelo. Al ver esto, el Maestro Dogen le hizo la siguiente pregunta: –Usted es un monje anciano y superior, ¡por qué trabaja? Hoy hace mucho calor, hágalo otro día.

Dogen era entonces muy joven. Pero la siguiente contestación del anciano monje, muy interesante, se convirtió en una respuesta histórica del Soto Zen. Y así fue como el Maestro Dogen obtuvo el Satori.“Joven, usted ha venido del Japón. Es inteligente y comprende el buddhismo, pero no comprende la esencia del Zen. Si no hago esto, si no trabajo aquí y ahora, ¿quién podría hacerlo? Yo no soy usted, yo no soy los demás. Los demás no son yo. Por eso los demás no pueden experimentarlo.

Si no trabajo, si no experimento aquí y ahora no podré compréndelo. Si un joven me ayudara a trabajar, si yo me limitara a mirarle, no podría tener esa experiencia de secar champiñones. Si yo dijera: haz esto o aquello, ponlo aquí o allá, no podría experimentarlo yo mismo. No podría comprender el acto de que esté aquí y ahora (...) Yo no soy los demás y los demás no son yo.”
Dogen se quedó muy sorprendido y comprendió. En este momento se dijo:

“Tengo que quedarme en China”. Había estudiado en los libros había buscado con su cerebro y pensaba continuamente; pero en ese momento comprendió: –Si no experimento, no podré comprender el verdadero Zen”. Aún así preguntó: –¿Por qué seca usted hoy los champiñones? Hágalo otro día. El monje contestó: –“Aquí y ahora es muy importante” (...) No puedo estar en lo que otra persona hace. Este es el primer punto. El otro, shinkantaza, solamente sentarse, concentrarse en la práctica del zazen. No hace falta pensar, solamente hacer sazen.

(Thomas Merton, El zen y los pájaros del deseo)

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