jueves, 11 de junio de 2020

Erase Una Vez

Era invierno, yo me estaba muriendo de hambre intentando ser escritor en Nueva York.
No había comido en tres o cuatro días.
Así que finalmente dije: ‘Me voy a comer una gran bolsa de palomitas’.
Cada grano era como un churrasco.
Tragaba y echaba palomitas a mi estómago que decía:  ‘¡Gracias, gracias!’.
Estaba en el paraíso, caminando por ahí, hasta que dos tipos pasaron a mi lado y uno le dijo al otro: ‘¡Jesús!’.
El otro dijo: ‘¿Qué pasa?’
‘¿Viste a ese tipo comiendo palomitas? Dios, era horrible.’
Así que no pude disfrutar el resto de las palomitas.
Pensé qué quisieron decir con eso de que ‘era horrible’.
‘Yo estaba en el paraíso.
Supongo que era un poco cochino.
Ellos siempre pueden distinguir a un tipo hecho mierda’.

Charles Bukowski


domingo, 7 de junio de 2020

La sabiduría


La sabiduría es siempre la sabiduría, no importa la fuente de donde provenga. 
Toda la sabiduría, la dicha, y el amor emanan de las profundidades de nuestro 'ser' con la práctica constante del autoconocimiento.  

Mikao Usui

viernes, 5 de junio de 2020

El Hombre Rico Y El Hombre Pobre


Era un hombre extraordinariamente rico, acostumbrado a ser halagado por todos.
No es de extrañar que se hubiera habituado a que todas las personas estuvieran prontas a deshacerse en elogios y atenciones.
Pero había un hombre pobre que se había resistido siempre a hacer cualquier tipo de halago, motivo por el que el hombre rico lo citó y lo tentó de la siguiente manera:
-Si te regalase el veinte por ciento de mi fortuna, ¿me adularías?
Repuso el hombre…
-Sería un reparto demasiado desigual para hacerse merecedor de mis halagos de pobre.
-¿Pero y si te diese la mitad de mi fortuna?
-En ese caso estaríamos en igualdad de condiciones y no habría ningún motivo para adularlo.
El hombre rico no se dio por vencido y agregó:
-Pero ¿y si te regalase toda mi fortuna?
-Si yo fuera el dueño de tal fortuna, ¿por qué iba a adularlo?

jueves, 4 de junio de 2020

Los Dos Jarrones


Cada mañana una anciana salía de su cabaña para ir a buscar agua al río.
Llenaba totalmente dos grandes jarrones que llevaba sobre los hombros, cada uno suspendido en el extremo de una vara.
Un jarrón era perfecto, mientras el otro tenía una rajadura y, de la pequeña rajadura, durante el regreso perdía la mitad de su contenido.
Durante años siguió así: la mujer llenaba dos los jarrones de agua pero solo llegaba a casa uno y medio.
El jarrón perfecto estaba orgulloso de sus resultados, mientras que el pobre jarrón muerto estaba triste, teniendo conciencia de que, debido a su defecto, solo hacía la mitad de la tarea para la que había sido fabricado.
Entristecido por su fracaso, un día el jarrón con la rajadura habló a la mujer a lo largo del camino:
‘Me avergüenzo de mí mismo, sé que de esta rajadura en mi lado, aunque no queriéndolo, disperso el agua por todo el camino a tu casa’.
La anciana sonrió y le dijo:
‘¿No te has dado cuenta de que de tu lado del camino hay tantas hermosas flores, mientras que del otro lado no hay nada?’
‘Yo siempre supe de tu pequeño defecto, así que planté muchas semillas de flores en tu lado del camino y día a día, mientras volvíamos, sin darte cuenta tú las regabas.
Durante años he podido recoger esas hermosas flores para decorar la mesa y la casa. Si no hubieras sido como eres, no podría haber disfrutado del perfume y la belleza de esas flores.’
Ninguno de nosotros carece de defectos. Pero son esos detalles los que hacen nuestra convivencia interesante e incluso satisfactoria.


lunes, 1 de junio de 2020

Cartas Del Diablo A Su Sobrino


-Y cómo lograste llevar tantas almas al infierno en aquella época?
-Por el miedo.
-Ah, sí. Excelente estrategia; vieja y siempre actual. ¿Pero de qué tenían miedo? ¿Miedo a ser torturados? ¿Miedo a la guerra? ¿Al hambre?
- No. Miedo a enfermarse.
- ¿Pero entonces, nadie más se enfermaba en esa época?
- Sí, se enfermaban.
- ¿Nadie más moría?
- Sí, morían.
-¿Pero, no había cura para la enfermedad?
- Había.
- Entonces no entiendo.
- Como nadie más creía y enseñaba sobre la vida eterna y la muerte eterna, pensaban que sólo tenían esa vida, y se aferraron a ella con todas sus fuerzas, incluso si les costaba su afecto (no se abrazaban ni saludaban, no tenían ningún contacto humano durante días y días); su dinero (perdieron sus trabajos, gastaron todos sus ahorros, y aún se creían afortunados siendo impedidos de ganarse el pan!); su inteligencia (un día la prensa decía una cosa y al día siguiente se contradecía, y aún así se lo creían todo!); su libertad (no salían de su casa, no caminaban, no visitaban a sus parientes...Era un gran campo de concentración para prisioneros voluntarios!!! Jajajaja). Aceptaron todo, todo, siempre y cuando pudieran superar sus vidas miserables un día más. Ya no tenían la más mínima idea de que Él, y sólo Él, es quien da la vida y la termina. Fue así, tan fácil como nunca había sido.

C. S. Lewis
Cartas del diablo a su sobrino
Crónicas de Narnia
1942