viernes, 18 de agosto de 2017

Manos




Un día…
mis manos ya no serán las mismas.
Acariciarán despacio y serán ásperas, como fruto de la rutina que las habrá arrugado más de la cuenta.
Más de la cuenta de esta vida.
Un día…
mis manos ya no serán las mismas.


Detendrán el dolor en cada ruego, cuando al juntarse juren el desvelo que pida poder seguir asidas a tus manos.
Y aún cuando ellas no lo sepan, seguirán siendo testigos de cuánto amo.
Porque no importa si el adiós tenga o no vuelo, ellas te dirán que te quiero, aún sin movimiento.
Sólo sabrán ellas lo que siento cuando se mojen al recorrer mis mejillas, si es que el cielo pretende tu presencia antes que la mía.
Si es que la vida me quita de tu pecho, la delicia.
Mis manos ya no serán las mismas.
Pero servirán a mi propósito igualmente.
Puesto que si no han de poder responderte a cada gesto de tus manos en las mías, sabrás por su calor, que a mi alma abrigan, tus manos y tu alma, como siempre.
Y que tu boca aún las bese, les dará vida.
Vida suficiente para volver a verte aún después de cualquiera de nuestras partidas.
Porque el ruego se hará nudo en la garganta, acostumbrada en esos años a las despedidas.
Pero mis manos no anudarán silencios ni se apresurarán a cerrar heridas.
Se mantendrán despiertas en la vigilia de esperar a tus manos, nuevamente, en sus caricias.




Marcela Peralta

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