Se llama calma y me
costó muchas tormentas.
Se llama calma y cuando
desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda.
Se llama calma y me
enseña a respirar, a pensar y repensar.
Se llama calma y cuando
la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.
Se llama calma y llega
con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría
dan lugar a más silencios y más sabiduría.
Se llama calma cuando
se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo
se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera
recibir y dar.
Se llama calma cuando
la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede
contar.
Se llama calma y el
mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.
Se llama calma cuando
el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino
el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.
Se llama calma y con
nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando
se hace realidad.
Se llama calma y me
costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a
encontrar.
Se llama calma, la
disfruto, la respeto y no la quiero soltar…
Dalai Lama
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UNA MENTE TRANQUILA... Un lugar más, donde compartimos la sabiduría a través de frases, imágenes y vídeos.
miércoles, 25 de diciembre de 2019
Se Llama Calma
lunes, 23 de diciembre de 2019
Queridos Amigos
Queridos
amigos optimistas, pesimistas y realistas…
Mientras
ustedes estaban muy ocupados discutiendo sobre el vaso de agua…
Yo,
me lo bebí.
Atentamente,
El oportunista
domingo, 22 de diciembre de 2019
Fragmento De "Siddhartha"
“El
mundo, amigo Govinda, no es imperfecto ni se encuentra en vías de un lento
perfeccionamiento.
No,
es ya perfecto en cada instante: cada pecado lleva en sí la gracia, en cada
niño alienta ya el anciano, todo recién nacido contiene en sí la muerte, todo
moribundo, la vida eterna.
Ningún
hombre es capaz de ver hasta qué punto del camino ha avanzado su prójimo; en el
ladrón y en el jugador de dados aguarda Buda, en el brahmán puede ocultarse un
bandido.
La
meditación profunda ofrece la posibilidad de abolir el tiempo, de ver
simultáneamente toda la vida pasada, presente y venidera, y entonces todo es
bueno, todo es perfecto, todo es Brama.
Por
ello me parece bueno todo lo que existe: la vida no menos que la muerte, el
pecado tanto como la santidad, la inteligencia no menos que la estupidez.
Todo
ha de ser así, todo no pide sino mi aprobación, mi buena voluntad, mi
compresión amorosa; y en ese caso es bueno para mí, sólo podrá estimularme,
nunca podrá hacerme daño.
He
experimentado en cuerpo y alma que me hacían falta el pecado, la
concupiscencia, el afán de lucro, la vanidad y la más ignominiosa de las
vanidades para aprender a vencer mi resistencia, para aprender a amar al mundo
y a no compararlo más con algún mundo deseado e imaginado por mí, con algún
arquetipo de perfección inventado por mi cerebro, sino dejarlo tal como es, y
amarlo e integrarme a él con gusto.
Éstas,
oh, Govinda, son algunas de las ideas que han acudido a mi espíritu.
Siddhartha
se agachó cogió una piedra del suelo y la sopesó en la mano.
“Esto-dijo,
jugando con ella- es una piedra, y con el tiempo será quizá tierra, y de tierra
se convertirá en planta, o en animal o en hombre.
En
otro tiempo yo hubiera dicho: "Esta piedra es simplemente piedra, carece
de valor, pertenece al mundo de Maya; pero porque puede convertirse quizá en el
ciclo de las transmutaciones, en cuerpo y alma, le doy también valor."
Así
habría pensado antes quizá.
Pero
hoy pienso así: esta piedra es piedra, es también animal, es también Dios, es
también Buda, no la reverencio y amo porque puede convertirse en esto y lo
otro, sino porque lo es todo por siempre jamás, y precisamente por esto, por
ser piedra, por ahora se me aparece como piedra; por esto precisamente la amo y
veo valor y sentido en cada una de sus vetas y poros, en sus amarillos y
grises, en su dureza, en el sonido que produce cuando la golpeo, en la humedad
o sequedad de su superficie.
Hay
piedras que al tacto parecen como de aceite o jabón; y otras como hojas, otras
como arena, y cada cual es distinta y reza el Om a su manera, cada una es
Brahma, pero al mismo tiempo es piedra, aceitosa o jabonosa, y esto es
precisamente lo que me agrada y me parece maravilloso y digno de adoración.
Pero
no quiero hablar más de esto.
Las
palabras no benefician en nada al sentido oculto, lo que es siempre igual debe
ser siempre algo distinto cuando se lo expresa, se debe falsear un poco, se
debe presentar de un modo un poco extravagante.
Si,
y esto también es muy bueno y me agrada mucho, con esto también estoy muy de
acuerdo: que lo que para un hombre tiene mucho valor y está lleno de cordura,
para otro siempre suena a sandez.
Govinda
escuchaba silencioso.
-¿Por
qué me has dicho lo de la piedra?-preguntó, vacilante, después de una pausa.
-Lo
dije sin intención. O quizá porque amo a la piedra y al río y a todas estas
cosas que vemos y de las cuales podemos aprender.
Yo
puedo amar a una piedra, Govinda, y también a un árbol o a un trozo de corteza.
Pero
no puedo amar las palabras.
Por
eso las doctrinas no son para mí, no tienen dureza, no tienen peso ni color, ni
aristas, ni olor, ni gusto; no tienen más que palabras.
Quizá
sea esto lo que te impide encontrar la paz, quizá sean las muchas palabras.
Pues
también son simples palabras redención y virtud, sansara y nirvana.
No
hay ninguna cosa que sea nirvana; solo hay la palabra nirvana.
Habló
Govinda:
-El
nirvana, amigo, no es solo una palabra. Es un pensamiento.
Siddhartha
prosiguió:
-Un
pensamiento, ciertamente. He de confesarte, querido, que no hallo mucha
diferencia entre pensamiento y palabra. Dicho con más claridad, no espero mucho
de los pensamientos. Espero más de las cosas. Aquí, en esta barca, por ejemplo,
había un hombre, mi antecesor y maestro, un santo varón que ha creído muchos
años en el río, casi en nada. Ha notado que la voz del río le hablaba, de ella
aprendió, ella le educó y enseñó; el río era un dios para él; durante muchos
años ignoró que cada viento, cada nube, cada pájaro, cada escarabajo es tan
divino y tan sabio y puede enseñar tanto como el reverenciado río. Cuando este
santo varón se fue al bosque, lo sabía todo; sabía más que tú y que yo, sin
haber tenido maestros, sin libros, solo por haber creído en el río."
Hermann Hesse
Fragmento de "Siddhartha"
viernes, 20 de diciembre de 2019
Extractos: El Caballero De La Armadura Oxidada
“El caballero pregunto que era la
bebida que le había ofrecido? El mago sonriendo le dijo: es vida ¿vida? Sí, dijo el mago ¿no te pareció amarga al principio y, luego, a
medida que la degustabas, ¿no la encontrabas cada vez más apetecible?
El
caballero asintió, y los últimos sorbos resultaron deliciosos. Eso fue cuando
empezaste a aceptar lo que estabas bebiendo. La vida es buena cuando uno la
acepta. Las cosas hay que aceptarlas tal como son, simplemente porque son así”.
“tienes que aprender a salvarte a ti
primero”.
“supongo que he tenido miedo de
estar solo. Y le vino un pensamiento de que durante toda su vida había perdido
el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba hacer. Nunca había
disfrutado de lo que pasaba en el momento. Durante la mayor parte de su vida,
no había escuchado realmente a nadie ni a nada. El sonido del viento, de la
lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, había estado siempre ahí,
pero en realidad nunca los había oído. Tampoco había oído a Julieta, cuando
ella intentaba decirle como se sentía; especialmente cuando estaba triste.
Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en
acero, tan sola como él se había sentido en esa lúgubre habitación. Su propio
dolor y su soledad afloraron. Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta
también”.
“el caballero lloro más al darse
cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de
ellos se interpondría. En eso apareció el mago y le dijo: sólo podrás amar a
otros en la medida en que te ames a ti mismo”.
Robert Fisher
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