miércoles, 25 de diciembre de 2019

Se Llama Calma

Se llama calma y me costó muchas tormentas. 
Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda. 
Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar. 
Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar. 
Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría. 
Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar. 
Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar. 
Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.
Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar. 
Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad. 
Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar. 
Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…

Dalai Lama


lunes, 23 de diciembre de 2019

Queridos Amigos



Queridos amigos optimistas, pesimistas y realistas…
Mientras ustedes estaban muy ocupados discutiendo sobre el vaso de agua…
Yo, me lo bebí.

Atentamente,
El oportunista

domingo, 22 de diciembre de 2019

Fragmento De "Siddhartha"


“El mundo, amigo Govinda, no es imperfecto ni se encuentra en vías de un lento perfeccionamiento.
No, es ya perfecto en cada instante: cada pecado lleva en sí la gracia, en cada niño alienta ya el anciano, todo recién nacido contiene en sí la muerte, todo moribundo, la vida eterna.
Ningún hombre es capaz de ver hasta qué punto del camino ha avanzado su prójimo; en el ladrón y en el jugador de dados aguarda Buda, en el brahmán puede ocultarse un bandido.
La meditación profunda ofrece la posibilidad de abolir el tiempo, de ver simultáneamente toda la vida pasada, presente y venidera, y entonces todo es bueno, todo es perfecto, todo es Brama.
Por ello me parece bueno todo lo que existe: la vida no menos que la muerte, el pecado tanto como la santidad, la inteligencia no menos que la estupidez.
Todo ha de ser así, todo no pide sino mi aprobación, mi buena voluntad, mi compresión amorosa; y en ese caso es bueno para mí, sólo podrá estimularme, nunca podrá hacerme daño.
He experimentado en cuerpo y alma que me hacían falta el pecado, la concupiscencia, el afán de lucro, la vanidad y la más ignominiosa de las vanidades para aprender a vencer mi resistencia, para aprender a amar al mundo y a no compararlo más con algún mundo deseado e imaginado por mí, con algún arquetipo de perfección inventado por mi cerebro, sino dejarlo tal como es, y amarlo e integrarme a él con gusto.
Éstas, oh, Govinda, son algunas de las ideas que han acudido a mi espíritu.
Siddhartha se agachó cogió una piedra del suelo y la sopesó en la mano.
“Esto-dijo, jugando con ella- es una piedra, y con el tiempo será quizá tierra, y de tierra se convertirá en planta, o en animal o en hombre.
En otro tiempo yo hubiera dicho: "Esta piedra es simplemente piedra, carece de valor, pertenece al mundo de Maya; pero porque puede convertirse quizá en el ciclo de las transmutaciones, en cuerpo y alma, le doy también valor."
Así habría pensado antes quizá.
Pero hoy pienso así: esta piedra es piedra, es también animal, es también Dios, es también Buda, no la reverencio y amo porque puede convertirse en esto y lo otro, sino porque lo es todo por siempre jamás, y precisamente por esto, por ser piedra, por ahora se me aparece como piedra; por esto precisamente la amo y veo valor y sentido en cada una de sus vetas y poros, en sus amarillos y grises, en su dureza, en el sonido que produce cuando la golpeo, en la humedad o sequedad de su superficie.
Hay piedras que al tacto parecen como de aceite o jabón; y otras como hojas, otras como arena, y cada cual es distinta y reza el Om a su manera, cada una es Brahma, pero al mismo tiempo es piedra, aceitosa o jabonosa, y esto es precisamente lo que me agrada y me parece maravilloso y digno de adoración.
Pero no quiero hablar más de esto.
Las palabras no benefician en nada al sentido oculto, lo que es siempre igual debe ser siempre algo distinto cuando se lo expresa, se debe falsear un poco, se debe presentar de un modo un poco extravagante.
Si, y esto también es muy bueno y me agrada mucho, con esto también estoy muy de acuerdo: que lo que para un hombre tiene mucho valor y está lleno de cordura, para otro siempre suena a sandez.
Govinda escuchaba silencioso.
-¿Por qué me has dicho lo de la piedra?-preguntó, vacilante, después de una pausa.
-Lo dije sin intención. O quizá porque amo a la piedra y al río y a todas estas cosas que vemos y de las cuales podemos aprender.
Yo puedo amar a una piedra, Govinda, y también a un árbol o a un trozo de corteza.
Pero no puedo amar las palabras.
Por eso las doctrinas no son para mí, no tienen dureza, no tienen peso ni color, ni aristas, ni olor, ni gusto; no tienen más que palabras.
Quizá sea esto lo que te impide encontrar la paz, quizá sean las muchas palabras.
Pues también son simples palabras redención y virtud, sansara y nirvana.
No hay ninguna cosa que sea nirvana; solo hay la palabra nirvana.
Habló Govinda:
-El nirvana, amigo, no es solo una palabra. Es un pensamiento.
Siddhartha prosiguió:
-Un pensamiento, ciertamente. He de confesarte, querido, que no hallo mucha diferencia entre pensamiento y palabra. Dicho con más claridad, no espero mucho de los pensamientos. Espero más de las cosas. Aquí, en esta barca, por ejemplo, había un hombre, mi antecesor y maestro, un santo varón que ha creído muchos años en el río, casi en nada. Ha notado que la voz del río le hablaba, de ella aprendió, ella le educó y enseñó; el río era un dios para él; durante muchos años ignoró que cada viento, cada nube, cada pájaro, cada escarabajo es tan divino y tan sabio y puede enseñar tanto como el reverenciado río. Cuando este santo varón se fue al bosque, lo sabía todo; sabía más que tú y que yo, sin haber tenido maestros, sin libros, solo por haber creído en el río."

Hermann Hesse
Fragmento de "Siddhartha"

viernes, 20 de diciembre de 2019

Extractos: El Caballero De La Armadura Oxidada


“El caballero pregunto que era la bebida que le había ofrecido? El mago sonriendo le dijo: es vida ¿vida? Sí, dijo el mago ¿no te pareció amarga al principio y, luego, a medida que la degustabas, ¿no la encontrabas cada vez más apetecible?
El caballero asintió, y los últimos sorbos resultaron deliciosos. Eso fue cuando empezaste a aceptar lo que estabas bebiendo. La vida es buena cuando uno la acepta. Las cosas hay que aceptarlas tal como son, simplemente porque son así”.
“tienes que aprender a salvarte a ti primero”.
“supongo que he tenido miedo de estar solo. Y le vino un pensamiento de que durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Durante la mayor parte de su vida, no había escuchado realmente a nadie ni a nada. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, había estado siempre ahí, pero en realidad nunca los había oído. Tampoco había oído a Julieta, cuando ella intentaba decirle como se sentía; especialmente cuando estaba triste. Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en acero, tan sola como él se había sentido en esa lúgubre habitación. Su propio dolor y su soledad afloraron. Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también”.
“el caballero lloro más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría. En eso apareció el mago y le dijo: sólo podrás amar a otros en la medida en que te ames a ti mismo”.

Robert Fisher