lunes, 4 de enero de 2016

La Luna


















La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico
y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía.  
Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo:  
sirve para encontrar a quien se ama, y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver.  
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados.  
Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.

Jaime Sabines.

domingo, 3 de enero de 2016

La Trilogía De Los Peques: Maia, Hidalgo E Indi



Hidalgo había nacido cuando Olivia disfrutaba de sus 32 años, y Maia dos añitos más tarde.
Kalifornia gozaba de siete años más que Olivia.
La nueva infanta, Indi, emergería el 30 de diciembre de cierto año, puesto que el tiempo no existe.
Indi sería la última unidad del trío de peques que en el año 2050 salvaguardarían al universo, a la naturaleza y al hombre.
Estando todos en el hospital del pueblo, Indi, (ya habían resuelto apodarla así), prorrumpe en una noche de luna llena.
A los dos segundos de brotar, comenta:
-No se trata de filosofía, la vida no es filosofía, filosofía es sólo una palabra y la palabra no es la cosa, Pa.
Dijo Indi,
-Ma y Pa, les brindaremos bienestar espiritual, que es simplemente darse cuenta que en el amor no hay lugar para los celos, vanidad, la inmodestia, el ego, vergüenza, miedo, violencia y dolor; el amor no es eso, Pa, Ma, el amor es libertad, Papito, Mamita.
-Gracias por traerme al mundo.
Cuando todos alcanzaron de nuevo la casa colmados de pureza cristalina, Olivia señala:
-y, homenajeemos, querida familia, agasajemos a la vida que vino la nueva peque.
Y los cinco se envolvieron y parecieron una unidad, un inseparable todo que aguantaba todas las desgracias de la humanidad.
Kalifornia, en un acto de delirio razonable, les pregunta a sus peques cómo sabían antes que Olivia que Indi arribaría a la vida, y éstos cayeron al piso pataleando a carcajadas, y Kalifornia no dedujo definitivamente nada, pero también sonrió.
Olivia quedó vacilando.
-Pa, nosotros sabemos todo.
Comentaron los tres peques al unísono.
Y en ese exacto segundo se disipan los nimbos, desaparece la lluvia, apareciendo un sol naciente que, con su educada palabra áspera expresó:
-Ya es hora que Kalifornia e Olivia, mientras puedan ver su luz interior, sepan la verdad, peques, mis tres corazoncitos de oro.

 Desconozco el autor

Long As I Can See The Light



Creedence Clearwater Revival 

Long as i can see the light

sábado, 2 de enero de 2016

Volar Como El Condor

Si quieres aprender a volar como el condor,
no vivas rodeado de pavos...
 

Decidir Y Ser Constantes



En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.
Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron urgente al hospital del condado.
En su cama, el niño horriblemente quemado y semi inconsciente, oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo.
Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría.
De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió.
Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.
Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido.
Caminaría. Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.
Finalmente, le dieron de alta.

Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada.
No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.
Cuando no estaba en la cama, estaba confinado una silla de ruedas.
Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco.

Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.
Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar.
Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.
Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes diarios, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad,
primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr.
Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista.
Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de sobrevivir, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham, llegó a ser el atleta estadounidense que ¡corrió el kilómetro más veloz el mundo!
 

viernes, 1 de enero de 2016

Porque Sigues Buscando...

Porque sigues buscando...
el camino...eres tú
el maestro...eres tú
la luz...eres tú
 

Podemos Ser Mayores Sin Ser Viejos



Todos acumulamos años, y cada uno de nosotros, tarde o temprano, llegaremos a ser personas de edad avanzada... ancianos.
Por eso me gustaría hablar de lo diferente que puede ser nuestra vida según decidamos enfocarla.
No podemos evitar llegar a ser mayores, pero sí podemos negarnos a ser viejos.
Ni viejo ni vieja... Persona mayor.
Somos personas viejas cuando dejamos que la vida transcurra sin sorpresas, cuando nos levantamos y sólo miramos por la ventana para ver pasar el tiempo.
Somos mayores cuando, a pesar de la edad, nos levantamos y disfrutamos de un paseo mirando correr a los niños, sonriendo a cada persona que nos saluda.
Somos viejos cuando nuestros sueños se mueren, cuando dejamos de luchar por conseguir "algo" en la vida.
Somos mayores cuando aun a nuestros años, soñamos.
Soñamos con ver a los nietos, con llenar la mesa de familia, con descubrir y experimentar cosas nuevas, con hacer reír a los demás con nuestras historias.
Somos personas viejas cuando creemos que estamos de vuelta de todo, que la vida ya no puede darnos nada que no hayamos vivido ni enseñarnos nada nuevo.
Somos mayores cuando seguimos dispuestos a aprender, a descubrir y a conocer.
Persona mayor, con edad sí... viejo no.
Somos personas viejas cuando nos quedamos sentados frente al televisor esperando la hora de nuestra muerte, cuando no hacemos nada por las personas que están junto a nosotros, excepto hacerles infelices con nuestras quejas.
Somos mayores cuando salimos a caminar porque el médico nos dice que eso nos dará calidad de vida, cuando disfrutamos inmensamente cada minuto que estamos en este mundo.
Somos viejos cuando miramos la agenda y está en blanco porque no tenemos nada que hacer y sólo nos resignamos a nuestra partida, sin darnos cuenta de que cada día es una bendición.
Somos mayores cuando planificamos nuestra vida junto a la familia, cuando viajamos para conocer mundo, cuando hacemos todas esas cosas que no habíamos podido hacer antes.
No seamos viejos, que eso es cuestión de actitud ante la vida.
Las personas con alma vieja se deprimen con mucha facilidad, pero las que simplemente son personas mayores, aceptan las inconveniencias de la vida, no dejando que les afecte tanto como para amargarles, saben que la vida se hace muy larga o muy corta según se viva...
Siempre merece la pena vivir intensamente, con felicidad, optimismo y sin aferrarse a las cosas que nos dañan el corazón.
No permitamos que el desánimo, la tristeza, los obstáculos, los miedos, los fracasos y las derrotas nos conviertan en personas viejas, amargadas y sin vida.
La edad se lleva en el corazón, y siempre que encuentres motivos para sonreír y alegrar a los demás, serás una persona mayor con alma joven.

Solo por hoy elige pensamientos y emociones positivas notaras la diferencia y tus cercanos también...


Roberto Rocabado