viernes, 4 de abril de 2014

La Oveja Negra.




En un lejano país existió 

hace muchos años una 

Oveja negra. 

Fue fusilada. 

Un siglo después, el 

rebaño arrepentido le 

levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien 

en el parque. 

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas 

negras eran rápidamente pasadas por las armas 

para que las futuras generaciones de ovejas 

comunes y corrientes pudieran ejercitarse también 

en la escultura.

Augusto Monterroso 


miércoles, 2 de abril de 2014

Yo Soy Diferente


Sólo yo parezco no saber quien soy ni qué hacer, como un niño que no ha nacido en este mundo de vanidad.
Todos viven en la abundancia; sólo yo parezco haber perdido todo. Soy un tonto, y además confundido. Otros lucen su brillo y su inteligencia; yo parezco opaco y adormecido; derivo como las olas, sin dirección, como un viento que nunca cesa.
Todos están ocupados, mientras yo paso por un incapaz, pero yo soy diferente: a mí me alimenta el Tao.


No Cambies


martes, 1 de abril de 2014

Fe En Ti Mismo


La Ermita





Sabia  Antigua Leyenda Noruega....








El viejo Haakon cuidaba cierta Ermita.

En ella se veneraba un crucifijo de mucha devoción.
Este crucifijo recibía el nombre, bien significativo de "Cristo de los Favores". Todos acudían allí para pedirle al Santo Cristo.
Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. 
Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la imagen y le dijo,
-Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en La Cruz.
Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Sagrada Efigie,como esperando la respuesta. 
El Crucificado abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes   y amonestadoras: 
-Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.
-Cuál, Señor?, preguntó con acento suplicante Haakon.
-Es una condición difícil.
-Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor, respondió el viejo ermitaño. 
-Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar siempre
silencio.
Haakon contestó:
-Os, lo prometo, Señor y se efectuó el cambio.
Nadie advirtió el trueque.
Nadie reconoció al ermitaño, colgado de cuatro clavos en la Cruz.
El Señor ocupaba el puesto de Haakon. 
Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.
Los devotos seguían desfilando pidiendo favores. 
Pero un día, llegó un rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera.
Haakon  lo  vio  y  calló.
Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico.
Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para
pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.
Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. 
Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado.
El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:
-Dame la bolsa que me has robado!
El joven sorprendido, replicó
-no he robado ninguna bolsa.
-No mientas, devuélvela enseguida!
-Le repito que no he cogido ninguna bolsa, afirmó el muchacho.
El rico arremetió, furioso contra él.
Sonó entonces una voz fuerte: 
-Detente!
El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba.
Haakon, que no pudo permanecer en silencio, grito, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación.
Este  quedó anonadado, y salió de la Ermita. 
El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. 
Cuando la Ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo: 
Baja de la Cruz. No sirves  para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.
-Señor, dijo Haakon,
-Cómo iba a permitir esa injusticia?
Se  cambiaron  los oficios.
Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño que quedó ante el Crucifijo.
El Señor, clavado, siguió hablando.
-Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer.
El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal.
Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida.
Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo.
Y la sagrada imagen del crucificado guardó silencio.