sábado, 19 de septiembre de 2020

Hay Cosas Que Es Mejor No Saberlas


 

 

 

 

 

 

 

 

En la NASA, tienen colgado un cartel de unas abejas donde se lee lo siguiente:

“Aerodinámicamente el cuerpo de una abeja no está hecho para volar; lo bueno es que la abeja no lo sabe”.

La ley de la física dice que una abeja no puede volar, cada principio aerodinámico dice que la amplitud de sus alas es muy pequeña para conservar su enorme cuerpo en vuelo, pero una abeja no lo sabe, ella no conoce nada de la física ni su lógica y vuela de todas formas.

Eso es lo que todos podemos hacer, volar y prevalecer en cada instante ante cualquier dificultad y ante cualquier circunstancia a pesar de lo que digan.

Seamos abejas, sin importar el tamaño de nuestras alas, alcemos vuelo y disfrutemos del polen de la vida.

Autor desconocido

viernes, 18 de septiembre de 2020

Te Veo


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

'Te veo' es para mí sin duda una de las frases más bella y poderosa de la película Avatar.
Te veo tal como estás en el fondo donde reside tu alma
Te veo sin juzgarte, sin culparte, dando la bienvenida a todo de ti
Te veo sin esperar nada de ti porque mis expectativas y proyecciones te podrían dañar y tapar tu profunda identidad
Te veo en todas tus dimensiones y ricas de todas tus experiencias
Te veo porque ya sé que eres un ser completo y perfecto
Te veo es mi forma de darte la bienvenida sin condiciones, y haciendo esto te permito a ti también verte y recibirte tal como eres
Te veo es permitirte ser, irradiar, sin filtros, sin máscaras y sin miedos
Te veo...

Autor desconocido

jueves, 17 de septiembre de 2020

Moneda

Imaginemos una moneda: de un lado, está la muerte, y del otro, el amor.

Es decir, el amor vendría a ser lo opuesto de la muerte.

Durante el amor experimentamos lo más parecido a un milagro.

El momento cúlmine del amor es un momento de vida intensa, vida en su máxima intensidad.

 Uno nunca está tan vivo como en ese momento.


Alejandro Dolina.


miércoles, 16 de septiembre de 2020

Cada Piedra, Una Tumba


Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.
… Una portezuela de bronce invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:
Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.
Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:
Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.
El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años…
Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.
Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
El anciano se sonrió y dijo:
– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…
Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgado al cuello.
Y es tradición entre nosotros que a partir de allí,, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:
A la izquierda, qué fue lo disfrutado…
A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media?
Y después la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?
¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo?
¿Y el casamiento de los amigos?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿horas?, ¿días?
Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.
Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Jorge Bucay