UNA MENTE TRANQUILA... Un lugar más, donde compartimos la sabiduría a través de frases, imágenes y vídeos.
sábado, 15 de febrero de 2014
La Espinaca
Etiquetas:
interes general,
salud
viernes, 14 de febrero de 2014
La Plenitud, Llena De Ti Tu Cuenco Interior.
Era un joven buscador que había recorrido buena parte del mundo buscando
enseñanzas y conociendo a maestros de todas las tradiciones. Sin embargo, nada
le satisfacía, nunca se sentía completamente realizado.
Había pasado los primeros años de búsqueda viviendo aventuras intensas, aunque ciertamente mundanas. Diversiones y una vida poco ordenada habían regido sus días. Había hecho muchos amigos y tenido muchos amores, había conquistado a las mujeres más bellas y fascinantes, pero su insatisfacción iba creciendo sin parar. Hizo una fortuna considerable y obtuvo honores y privilegios. Y su insatisfacción iba en aumento.
La búsqueda filosófica no tardó en llegar. Pero ningún maestro le colmaba. Oyó hablar de un gran sabio. Pero ¡tantos había visitado ya y conocido! Se trataba de un sabio que vivía en el Tíbet, y sin nada que perder, decidió visitarlo.
El sabio que encontró el buscador era un solitario. Daba enseñanza a aquellos que lo buscaban, pero él nunca buscaba a los discípulos. El hombre llegó a su ermita y se sentó a su puerta. Guardó silencio. Transcurrieron unos días y el sabio le invitó a pasar.
-¿Cómo crees que puedo ayudarte? -preguntó el sabio.
El hombre le contó acerca de su larga búsqueda de la felicidad, le habló de sus logros y fracasos en los ámbitos espiritual y material. Concluyó diciendo:
-Mi insatisfacción es cada día mayor. Tengo conocimientos metafísicos y místicos; he obtenido mucho dinero y he disfrutado de los más leales amigos y las más bellas mujeres; he recibido honores; he conocido casi todo el mundo y he experimentado muchas diversiones. Aparentemente todo lo tengo, pero en realidad todo me falta. ¿Qué puedo hacer?
-Eres un buscador -dijo el sabio-, pero no has sabido buscar. Te has llenado de todo, pero has dejado vacío tu cuenco interior.
-¿Mi cuenco interior? -preguntó sorprendido el hombre-. ¿de qué me hablas?
-Todos tenemos un cuenco vacío cuando tomamos el cuerpo en que nos encontramos. Ese cuenco vacío no puede llenarse jamás con experiencias externas, sólo puede llenarse con uno mismo, con la propia felicidad que mana de la fuente interior cuando uno la halla.
-¿Y no crees que he hecho suficiente para conseguir llenarlo?
-No, pues no basta llenarse de conocimientos, sino que hay que realizarlos a través de la práctica interior, la disciplina ética y la meditación. Llena de ti tu cuenco interior.
Había pasado los primeros años de búsqueda viviendo aventuras intensas, aunque ciertamente mundanas. Diversiones y una vida poco ordenada habían regido sus días. Había hecho muchos amigos y tenido muchos amores, había conquistado a las mujeres más bellas y fascinantes, pero su insatisfacción iba creciendo sin parar. Hizo una fortuna considerable y obtuvo honores y privilegios. Y su insatisfacción iba en aumento.
La búsqueda filosófica no tardó en llegar. Pero ningún maestro le colmaba. Oyó hablar de un gran sabio. Pero ¡tantos había visitado ya y conocido! Se trataba de un sabio que vivía en el Tíbet, y sin nada que perder, decidió visitarlo.
El sabio que encontró el buscador era un solitario. Daba enseñanza a aquellos que lo buscaban, pero él nunca buscaba a los discípulos. El hombre llegó a su ermita y se sentó a su puerta. Guardó silencio. Transcurrieron unos días y el sabio le invitó a pasar.
-¿Cómo crees que puedo ayudarte? -preguntó el sabio.
El hombre le contó acerca de su larga búsqueda de la felicidad, le habló de sus logros y fracasos en los ámbitos espiritual y material. Concluyó diciendo:
-Mi insatisfacción es cada día mayor. Tengo conocimientos metafísicos y místicos; he obtenido mucho dinero y he disfrutado de los más leales amigos y las más bellas mujeres; he recibido honores; he conocido casi todo el mundo y he experimentado muchas diversiones. Aparentemente todo lo tengo, pero en realidad todo me falta. ¿Qué puedo hacer?
-Eres un buscador -dijo el sabio-, pero no has sabido buscar. Te has llenado de todo, pero has dejado vacío tu cuenco interior.
-¿Mi cuenco interior? -preguntó sorprendido el hombre-. ¿de qué me hablas?
-Todos tenemos un cuenco vacío cuando tomamos el cuerpo en que nos encontramos. Ese cuenco vacío no puede llenarse jamás con experiencias externas, sólo puede llenarse con uno mismo, con la propia felicidad que mana de la fuente interior cuando uno la halla.
-¿Y no crees que he hecho suficiente para conseguir llenarlo?
-No, pues no basta llenarse de conocimientos, sino que hay que realizarlos a través de la práctica interior, la disciplina ética y la meditación. Llena de ti tu cuenco interior.
jueves, 13 de febrero de 2014
Percibir Lo Divino
Existen
lugares en que lo sagrado es mundialmente renombrado, podéis ir allí, pero no
os dejéis sugestionar nunca, permaneced lúcidos y atentos, no consideréis como
sagrado y benéfico para vosotros más que los lugares en que vosotros los sentís
interiormente como tales.
Dejaros penetrar por lo que emana del vegetal y del mineral. Sentid el manas,
el poder que reside en algunos lugares u objetos.
Puede que un árbol nos sorprende por su aspecto, permaneceremos durante
bastante tiempo contemplándolo y de tiempo en tiempo volveremos para
contemplarlo. Él infundirá en nosotros una influencia que marcará nuestra alma.
Esto será igual para un claro en el bosque, un desierto o cualquier otro lugar
donde la naturaleza está particularmente cargada de efluvios. Para cualquier
otro sitio de poder.
Una montaña nos atraerá, y su ascensión constituirá una iniciación imborrable a
los niveles más sutiles. Las abluciones en una fuente o en un río nos
purificarán de una manera inolvidable...
Se establecerá entre nosotros y algunas obras de arte una estrecha y positiva
comunicación. Tener cerca de uno tal objeto artístico, constituirá una
verdadera bendición. Pero a veces un simple guijarro encontrado en el camino,
un trozo de madera o cualquier objeto, aparentemente banal, nos sorprenderá por
lo que de él se desprende, y sin caer en el fetichismo, guardarlo y llevárnoslo
constituirá una fuente de enriquecimiento.
La misma intuición nos impulsará a frecuentar a unas personas, y a evitar a
otras. A adoptar a tal animal, o a no hacerlo. A escoger una casa o
apartamento, y rechazar otra. A determinar en una habitación cual es el lugar
más propicio para nuestro espíritu, y a utilizar este lugar para nuestras
reflexiones y contemplaciones.
Es inútil el multiplicar los ejemplos. Quien desarrolla su intuición sagrada,
ve toda su vida entera enriquecida, dirigida y protegida por esta intuición.
No creáis que toda la Sabiduría está en los libros. La Sabiduría, en sus formas
más elevadas y más incomunicables, se descubre en el silencio de los lugares en
donde vibra lo sagrado.
Tal es la etapa que es preciso vivir antes de comprender que todo es sagrado.
Antes de saber percibir lo Divino en lo más hondo de las cosas que en su
apariencia se muestran las más opuestas a Él. Pues lo Divino está en todo, a
veces vibrando y brillando, a veces silencioso y potencial, esperando la hora
de su revelación.
Empaparos de lo Divino allí en donde brilla.
Percibid lo Divino allí en donde se oculta.
Y en todo dejaros guiar por una intuición que se abre hacia lo alto.
Autor desconocido
Etiquetas:
autoestima,
reflexiones
Aférrate
Aférrate a lo que es bueno,
incluso si se trata de un puñado de tierra.
Aférrate a lo que crees,
incluso si se trata de un árbol que se sostiene por sí mismo.
Aférrate a lo que tienes que hacer,
incluso si es muy lejos de aquí.
Aférrate a tu vida,
incluso si es más fácil dejarla ir.
Aférrate a mi lado,
incluso si algún día esté lejos de tí.
Etiquetas:
literatura,
poemas
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